Los Jardines de la Abadía de Tresco

Mucha gente conoce las Islas Sorlingas por los Jardines subtropicales de la Abadía de Tresco, famosos en todo el mundo. Descritos como una versión perenne de los jardines botánicos de Kew en Londres pero sin los grandes invernaderos de cristal, este jardín se muestra inmune a la sal del aire y a los temporales atlánticos para albergar una miríada de plantas exóticas, muchas de las cuales no tendrían ninguna posibilidad de sobrevivir ni siguiera en la costa de Cornualles, a apenas 50 km de distancia. Incluso durante el solsticio de invierno hay más de 300 plantas en flor. En total, este jardín tropical da cabida a más de 20,000 especies de plantas de 80 países, de Brasil a Nueva Zelanda y de Birmania a Sudáfrica.

Los Jardines de la Abadía de Tresco fueron fundados en el siglo XIX por el entonces propietario de las islas, Augustus Smith, inicialmente como jardín privado en el recinto de la residencia que él mismo diseñó y se hizo construir. Los jardines contienen las ruinas de un abadía benedictina fundada en el año 964 d. C., aunque la mayor parte de los restos arquitectónicos que quedan hoy proceden del priorato de St Nicholas, fundado por monjes procedentes de la Abadía de Tavistock en 1114. Por entonces apenas había árboles en la isla y los arbustos no proporcionaban protección suficiente, por lo que Augusto plantó barreras cortavientos. Las primeras consistieron principalmente en árboles  de hoja caduca, como olmos, sicomoros, robles y álamos. Posteriormente plantó cipreses de Monterrey y pinos insignes por ser árboles de rápido crecimiento y especialmente aptos para el clima costero.

Al construir estos elevados cortavientos, Augustus Smith canalizó las inclemencias del tiempo de manera que pasaban de largo por encima de esta urdimbre de recintos amurallados. También excavó tres gradas en la ladera rocosa de la parte sur, mirando hacia St Mary. Las terrazas más secas y cálidas de la parte superior de los jardines resultan apropiadas para las plantas de origen sudafricano y australiano, mientras que las de la parte inferior proporcionan la humedad requerida por la flora de Nueva Zelanda y Sudamérica.

La diversidad de especies que se concentra en los Jardines de la Abadía es tan extraordinaria como única. Bordeando la frondosa trama de caminos que recorren los jardines encontramos una gran variedad de plantas carnosas, altas palmeras y árboles de fuego de un rojo intenso. También vemos aquí especies botánicas como el protea rey y la preciosa heliconia, y podemos pasear entre grandes conos azules de viboreas, majestuosas furcraeas, aves del paraíso y tupidos pomos de geranios de un penetrante color rosa.

Los jardines albergan además el Museo Valhalla, en el que se expone una colección de mascarones de proa procedentes de navíos naufragados.

En la entrada a los jardines hay una tienda de regalos con una amplia selección de recuerdos y una gran cafetería 

Abierto cada día de 10.00 a 16.00 h. Entrada: 12£ por persona (no se admiten descuentos); la entrada es gratuita para los menores de 16 años.